Desolador abrazo que desgarra dos almas

Desolador abrazo que desgarra dos almas

Seria improcedente referirse a la atracción como una excusa de permanecer, mucho se habla de las estadísticas que rodean las relaciones interpersonales, algunas de ellas satisfactorias, pero otras desafortunadamente dolorosas, al punto de quebrantar cualquier orgullo.

Digamos que todas las relaciones entre parejas están rodeadas de una serie de modismos verbales, corporales y hasta espirituales, pero claro es con ellos que se conquista, que se da esa tan esperada entrega, esa que tantas veces se añora sea para siempre.

Desde niños siempre buscamos esa tranquilidad efímera que nos puede dar una madre, o el olor de ella mientras se lacta, de ese dormir junto a ese ser que casi siempre es sinónimo de amor sin limites en la entrega incluso de su propio ser, de allí pasamos a un mundo donde el contacto igualmente nos abstrae de muchas realidades, para regalarnos así sea un breve instante de paz.

Es entonces cuando en alguna época nos movemos en un camino errante que para algunos termina siendo seguro, pero que para otros no es mas que el resultado de tantas veces que se tropieza, hasta por fin encontrar esa sinergia en aquella alma que nunca será gemela, a pesar de lo que se dice; otros en cambio terminan por desfallecer en este propósito y se resignan a respirar su propio aliento y/o a volverlo promiscuo ocasional.

En todo caso, cuando por fin se cruzan algunos caminos que en nuestro deseo son eternos pero que en la vida tienen ya fecha de caducidad, que nos entregamos a un sin numero de escenarios, algunos permanentes, otros escasos, otros que se deslizan entre nuestros dedos tan inmediatamente que apenas perduran en nuestro recuerdo. 

De todos estos artilugios con los que la vida nos hace sentir esa tranquilidad, destaca por encima de los mismos actos pasionales que nos llevan al éxtasis y de los cuales se disfruta sin duda, el abrazo, ese acto de intercambio de energía, demostración infinita de ese te amo que sin palabras nos consuela, ese mismo que nos apacigua el ímpetu y nos aterriza en una constante frecuencia de paz y tranquilidad, de silencio, de suspiros, de pensamientos, de planes, de sentimientos. Ese que para ser necesita de esencia, de concordancia en dichas frecuencias entre los que se abrazan.

En un abrazo se detiene el mundo, se congela el estrés o la paranoia que nos vende el mundo, cargado de feromonas, temperaturas, de piel, de alientos, de la confianza que genera cerra los ojos y entregarse mutuamente a los brazos del otro, es un acto que encierra un gran misterio en el que se sincronizan los latidos del corazón y la respiración de quienes se entrelazan. Es el acto mismo de compasión y altruismo que tantas veces se ofrece sin esperar reciprocidad.

Esta magia solo puede ocurrir cuando existe intención de ser. Paradójicamente es también extrañado en tatos momentos cuando ese sentido se ha ido de manera permanente, a otros brazos o al silencio del ya no ser más, hay abrazos que se añoran cada día, que se buscan en la memoria de un pasado que nunca mas será, por lo menos en este plano de la conciencia.

Es también un abrazo quien te aterriza de todos este intríngulis de sensaciones, químicas y emocionales, es ese mismo en el que muchas veces ya no se encuentra a la otra persona, es por lo general el termómetro que nos enhiela la sangre de lo que un día fue pero que ya no es, es en un abrazo en donde ya no se encuentra al amante de tantas veces, es un brazo el que deja ver también el vacío de lo que ha muerto, es en estos casos cuando el abrazo sirve de despedida aun sin  existir un adiós, es quien nos deja sentir la muerte de aquellos anhelos, es un abrazo la puerta por donde se entra en una vida y la cual nos sirve para salir de ella. Algunas de estas salidas son imprevistas otras ya se veían venir. En este sentido y sin saber, debemos aprender de cada uno, sin saber o tener certeza de que habrá uno más. Tal vez este que estes dando es el único que recordarás y se volverá una necesidad imposible de volver a dibujar.

Es un abrazo el que une, pero también el que desgarra dos almas.

Por: Javier Ruiz

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